
Notas escritas para el recital del 5 de mayo del pianista Josep Colom para la Fundación Scherzo en la Sala Sinfónica del Auditorio Nacional – XXVII Ciclo de Grandes Intérpretes.
“Hacer música es un gran privilegio y doy gracias a todas las personas que se han desplazado en tantas ocasiones para compartir lo que para mi es un milagro cotidiano”. Con estas palabras cierra Josep Colom (Barcelona, 1947) la breve autobiografía con la que se presenta en su web profesional.
Colom se muestra como un músico consciente del privilegio de haberse criado y educado en un contexto en que la música y el hecho de querer ser músico fue valorado y apoyado por su familia, algo muy extraño y moderno para la época. Ganador de los Concursos de Jaén, Santander y Épinal a finales de los años 70 y Premio Nacional de Música en 1998, ha construido una carrera cuyo espacio natural de confort es la música de cámara y el recital a solo, pero que le ha permitido presentarse también en teatros y junto a orquestas de todo el mundo. Es un intérprete y pedagogo respetadísimo y entregado, honesto, arriesgado, hondo, comunicativo y enormemente creativo.
A su vez, la frase anteriormente citada cobra mucho más sentido en el contexto pandémico reciente. Hemos visto cómo la población consumidora de música clásica, privada del ritual musical en directo, ha necesitado buscar y ha encontrado en el disco o en el archivo digital alimento para saciar, al menos durante unos meses, su necesidad de belleza.
En el caso de la discografía reciente de Colom, cualquiera de ustedes que haya buscado sus discos en solitario grabados para Eudora, habrá disfrutado de títulos como Dialogue (2014), Confluences (2017), el dedicado a las últimas sonatas y bagatelas de Beethoven (2019), a las Sonatas en Si menor de Chopin y Liszt (2020) o una nueva versión de la Música callada de Frederic Mompou publicada en mayo de 2021. Su último disco, junto a la clarinetista Ona Cardona, está dedicado a la música para clarinete y piano de Clara y Robert Schumann y de Johannes Brahms.
En el caso de las piezas de Mompou, esa música desnuda, espiritual, ha sido refugio y transición para aquellos que, tras el drama pandémico, necesitábamos partir del silencio (que, como dice Adolf Pla en las notas al disco, “no es vacuidad, ni la nada”).
Otro disco de cabecera para mí en este tiempo ha sido Confluences, donde Colom establece vínculos sorprendentes entre la música de Bach y la de Chopin. Sin solución de continuidad, el intérprete viaja de preludios bachianos a estudios chopinianos a través de modulaciones improvisadas. Colom ornamenta también nocturnos con una libertad poco habitual en las grabaciones recientes, pero perfectamente documentada.
En defensa de la coherencia de esta fantasía sonora, argumenta el hecho de que Bach fuera referencia absoluta para Chopin. Tocaba habitualmente el Clave bien temperado y lo trabajaba con sus alumnos más avanzados. Alfred Cortot nos indica en sus Aspectos de Chopin que lo “dominaba de tal forma que podía tocar casi una veintena de memoria”. Recordemos que esta fue la única partitura que Chopin llevó consigo en su viaje a Mallorca, periodo en el que estaba completando sus Preludios op. 28.
Del mismo modo, Colom defiende las transiciones improvisadas entre los diferentes Estudios de la grabación en vídeo para Noqué Studio, publicada en Internet durante el confinamiento. La inclusión de estos fragmentos, a pesar de que pueda resultar curiosa para el público actual, era un procedimiento habitual en la época de su estreno, en la que un intérprete debía, además de tocar la música de otros compositores, ser a su vez compositor e improvisador.
Asimismo, su versión de los estudios deja de lado el habitual enfoque gimnástico que escuchamos en casi todos los concursos, para centrarse en el valor estético, expresivo y formal de cada una de las piezas que interpreta. Más que nunca, sus estudios cantan.
Recuerdo algunas de las clases que pude recibir de Josep Colom, en Valencia y en la Cátedra Chopin de Valldemosa. Siempre aportaba soluciones, a veces tan sorprendentes y creativas que me daba respeto atreverme a realizarlas. Sólo ahora empiezo a entender la relación entre maestría y libertad, ese equilibrio que exige tanto conocimiento.
Recuerdo también su generosidad para mostrar cada gesto técnico, su capacidad para escuchar y conversar, para transmitir sus enseñanzas siempre desde el sosiego, el respeto y la argumentación.
Colom insiste en que “la música es para comunicar en directo, no es para enlatarla y verla siempre ya enjaulada, con el mismo hecho musical, mil veces, congelado”. De nuevo, esa consciencia creativa de lo efímero, de cuán mágico, raro y único es el hecho de poder crear sonidos de la nada, de hacer música para aquellos que nos escuchan.
“Yo lo que recomiendo vivamente es, en cuanto haya conciertos en vivo, no procrastinar, no esperar… ¡id, id!”. Esperamos disfrutar de una sala llena también en su recital para este XXVII Ciclo de Grandes Intérpretes.
En el recital, Josep Colom interpretó el siguiente programa:
I
H. de Montgéroult – Selección de Estudios
C. Franck – Preludio, Coral y Fuga
II
F. Chopin – 12 Estudios op. 25:
Estudio en La bemol mayor
Estudio en Fa menor
Estudio en Fa mayor
Estudio en La menor
Estudio en Mi menor
Estudio en Sol sostenido menor
Estudio en Do sostenido menor
Estudio en Re bemol mayor
Estudio en Sol bemol mayor
Estudio en Si menor
Estudio en La menor
Estudio en Do menor

